miércoles, 20 de junio de 2018

ALEXIS DE TOCQUEVILLE



ALEXIS DE TOCQUEVILLE





Estamos durmiendo sobre un volcán...


Royer – Collard declaró que Tocqueville era el Montesquieu del siglo XIX y que había escrito un nuevo espíritu de las leyes.

André Jardín. Afirma que Tocqueville nos presenta los gérmenes de las enfermedades que se desarrollan en las sociedades liberales.

La mayoría de los estudiosos de su obra, destacan su figura como expresión  de un nuevo liberalismo y como uno de los grandes  precursores de la sociología política y de las ciencias sociales en general.

Su libro al democracia en América  fue recibida como una obra maestra de manera especial por Chateaubriand, Lamartine, Guizot,  y también en el extranjero pro John Stuart Mill  y John Adams.

Como pueden darse cuenta mi invitado en esta oportunidad es Alexis Henri Charles de Clérel, Vizconde de Tocqueville, Nació en Verneuil-sur-Seine;, Isla de Francia el 29 de julio de 1805 y murió en Cannes el 16 de abril de 1859), perteneció a una familia tradicional francesa aristocrática de la región de Normandía, pero a pesar de provenir del a elite, Tocqueville nos e apegó a una visión estamental con nostalgia por los privilegios del antiguo régimen.

Para cualquier estudioso de las ciencias políticas es casi obligado releer a Tocqueville, además de ser un teórico, procuró vivir según sus principios, fue sin duda un político practico, nunca obsesionado con el poder yd e su praxis política, de esa experiencia en la vida pública francesa de su tiempo extrajo criterios para analizar y juzgar conductas y procesos, sin atender banalidades por lo que hace mas merito a un simple observador de escritorio.

Pero la relectura a Tocqueville es necesaria entre otras cosas,  porque su pensami9ento casi erróneamente ha sido visto con lentes ideológicos,  sin atender a la complejidad social y política de su época porque las revoluciones como la de 1830, le otorgaron madurez de su pensamiento.

Así pues al vida de Tocqueville estuvo marcado por las revoluciones, su historia busca lo medular y permanente, buscó siempre la esencia,  su historia fue  en verdad, historia política, porque además de historiador fue político y fue precisamente esa condición de protagonista del tiempo que va de Napoleón III; de su participación en acontecimientos que resultan las incidencias.

Tocqueville fue en la intelectualidad Francesa  una rara avis,  y en la política de su tiempo liberal no jacobina, con crisis de fe religiosa, pero siempre respetuoso, alérgico a las ficciones rousseaunianas que terminaban por justificar un despotismo como una vía para superar el despotismo; Tocqueville fue sin duda, un personaje excepcional y un pensador cuya honradez intelectual, le llevo siempre a nadar contra la corriente.

El pensamiento ilustrado influyó, sin duda, en Tocqueville, en su forma de pensar y vivir, no es ajena la weltansChauung ilustrada a las crisis religiosas que le acompaño, alejándose de practicar su fe católica originaria hasta 1848.

Sin ser filosofo político, partió de una antropología filosófica que podría catalogarse de realista, en el sentido aristotélico del término, no buscaba abstracciones sino realidades.

Tocqueville se puede resumir como un pensador, jurista, político e historiador francés, precursor de la sociología clásica y uno de los más importantes ideólogos del liberalismo; bisnieto del también político y ministro de Luis XVI, Guillaume-Chrétien de Lamoignon de Malesherbes. Tocqueville es mejor conocido por su obra "La democracia en América" que tuvo dos volúmenes (1835 el primero, 1840 el segundo) y también por "El Antiguo Régimen y la Revolución" publicado en 1856.

Otro de sus grandes aportes fue convencer a sus contemporáneos de que el signo de los tiempos iba en el sentido de la democratización, pero que la defensa de la democracia y la libertad individual exigía medidas para impedir que degenerara en un cesarismo populista (como el que representaba Napoleón III): división de poderes, descentralización política y, sobre todo, fomento de la conciencia cívica de los ciudadanos para hacerles amantes de la libertad y capaces de resistirse contra cualquier despotismo.

No puede dejar de señalarse, más allá de su pasión por la libertad, su profunda visión sobre la sociedad democrática y sus proféticas afirmaciones sobre el futuro de los Estados Unidos. Entre los temas que abordó más ampliamente, está la concepción de democracia, un aspecto que aún hoy sigue generando desafíos e interrogantes para las sociedades y los gobiernos: ¿En qué se funda la democracia? ¿Cómo podemos asegurarnos que se mantenga en el tiempo con nuestro sistema político?.

Más allá de las controversias que pueda generar, es sorprendente la perspicacia y profundidad del diagnóstico de Tocqueville, a tal punto que su planteo mantiene hoy la misma vigencia que tenía hace aproximadamente 180 años. Su análisis no revela solamente nuestro pasado; describe igualmente nuestro presente, y penetra en nuestro futuro. Está en nosotros el poder de construir la democracia y libertad que pretendemos en nuestra sociedad. Por eso, es importante preguntarnos: ¿hasta qué punto estamos comprometidos con este proyecto, que necesita específicamente de cada uno, y que cambiaría ampliamente varios aspectos de nuestras vidas? Es momento ya de actuar por una sociedad democrática y libre. Es momento de pasar de lo dicho a lo hecho.

Hasta una próxima oportunidad


Agradecimientos

Tocqueville y su Tiempo Elementos para su Relectura.
Editorial Temis
Universidad de la Sabana.
Jose Rodriguez Iturbe.2015.

Omar Colmenares Trujillo
Analista Politico


ALEXIS VISCOUNT OF TOCQUEVILLE



ALEXIS VISCOUNT OF TOCQUEVILLE

A PRESENTATION





Alexis de Tocqueville was probably one of the most brilliant political thinkers of the nineteenth century, and of all times. He can not fail to point out, beyond his passion for freedom, his profound vision of democratic society and his prophetic assertions about the future of the United States. Among the issues he addressed more broadly, is the conception of democracy, an aspect that still today generates challenges and questions for societies and governments.

Alexis Henri Charles de Clérel, viscount de Tocqueville was born on June 29, 1805 in Verneuil-sur-Seine (Isle of France) and died on April 16, 1859, in Cannes. He was a French thinker, jurist, politician and historian, one of the most important ideologues of liberalism, great-grandson of the also politician and minister of Louis XVI, Guillaume-Chrétien de Lamoignon de Malesherbes.

Tocqueville criticized the Terror; in fact, it differentiated two phases in the Revolution: one of the freedom of the first times and another of hatred, that of the time of the Terror. The author was a defender of the liberal and bourgeois aspects of the Revolution, in addition to criticizing the romantic and popular vision of Michelet.

Royer - Collard stated that Tocqueville was the 19th century Montesquieu and that he had written a new spirit of law.

my Invited on this occasion is Alexis Henri Charles de Clérel, Viscount of Tocqueville, He was born in Verneuil-sur-Seine ;, Isle of France on July 29, 1805 and died in Cannes on April 16, 1859), belonged to a family Traditional aristocratic French of the Normandy region, but despite coming from the elite, Tocqueville attached us to a stationary vision with nostalgia for the privileges of the old regime.

For any student of the political sciences it is almost obligatory to reread Tocqueville, besides being a theoretician, he tried to live according to his principles, he was without a doubt a practical politician, never obsessed with the power and his political praxis, of that experience in life French public of his time extracted criteria to analyze and judge behaviors and processes, without attending to banalities for what makes more meritorious a simple desktop observer.

But the rereading of Tocqueville is necessary, among other things, because his thought has almost erroneously been seen with ideological lenses, without attending to the social and political complexity of his time because revolutions like the 1830 revived his thinking.

So the life of Tocqueville was marked by revolutions, its history seeks the medullar and permanent, always sought the essence, its history was in fact, political history, because besides being a historian it was political and it was precisely that condition of protagonist of the time that goes from Napoleon III; of their participation in events that result in incidents.

The enlightened thought influenced, without a doubt, in Tocqueville, in his way of thinking and living, the weltansChauung enlightened is not alien to the religious crises that accompanied him, moving away from practicing his original Catholic faith until 1848.

Tocqueville can be summarized as a French thinker, jurist, politician and historian, precursor of classical sociology and one of the most important ideologists of liberalism; great-grandson of the also politician and minister of Louis XVI, Guillaume-Chrétien de Lamoignon de Malesherbes. Tocqueville is best known for his work "Democracy in America" which had two volumes (1835 the first, 1840 the second) and also for "The Old Regime and the Revolution" published in 1856.


Another of his great contributions was to convince his contemporaries that the sign of the times was in the sense of democratization, but that the defense of democracy and individual freedom required measures to prevent it from degenerating into a populist Caesarism (like the one represented Napoleon III): division of powers, political decentralization and, above all, promotion of the civic conscience of citizens to make them lovers of freedom and able to resist against any despotism.

Beyond his passion for freedom, his profound vision of democratic society and his prophetic assertions about the future of the United States. Among the issues he addressed more broadly, is the conception of democracy, an aspect that still today generates challenges and questions for societies and governments: What is the basis of democracy? How can we ensure that it stays in time with our political system?.

Finally, the insight and depth of Tocqueville's diagnosis is surprising, to the extent that his proposal maintains today the same validity as it had about 180 years ago. His analysis does not reveal only our past; it also describes our present, and penetrates our future. The power to build the democracy and freedom we want in our society is in us. For this reason, it is important to ask ourselves: to what extent are we committed to this project, which needs specifically from each one, and that would change several aspects of our lives? It is time now to act for a democratic and free society. It is time to move from what has been said to what has been done.

Bye.



 
written:
Omar Colmenares trujillo









martes, 19 de junio de 2018

LA ETIQUETA HOMOSEXUAL



LA ETIQUETA HOMOSEXUAL

“Porque no todos los maricas somos iguales.”


Loca, marica,  maricòn, Homosexual, afeminado, son normalmente las expresiones que solemos escuchar para identificar supuestamente a los hombres con una orientación sexual diferente, ya en otras oportunidades me he referido a las connotaciones que esta tienen en la pedagogía de la libertad y el respeto por la diversidad.

Pero en esta oportunidad, me voy a referir exactamente a la etiqueta homosexual, porque eso si hay que aclararlo de una vez, no todos los homosexuales somos iguales, no todos somos la payasa, histriónica de circo, no es fácil etiquetarnos y meternos a todo en el mismo paquete, porque desafortunadamente algunos gays han hecho una equivocada presentación de los homosexuales.

Algunos creen que los Gays somos la típica peluquera de barrio, las de voz frágil y dulce, que se la pasa solo con amigas, bastante sofisticada, apegado a la superficialidad de la moda y el materialismo.

A mí en particular me gusta el futbol, me gusta el deporte, no en gusta andar en compinches con mujeres, me gusta tomar una cerveza, andar con amigos heterosexuales, flirtear con las mujeres, hablar de cosas profundas y no las trivialidades que usualmente hablan algunos homosexuales; aunque como es natural de vez en cuando salen las plumas a volar, pero soy muy serio, aunque con muy buen sentido del humor.

Me considero un homosexual muy sobrio, me gusta llamar la atención por mis capacidades intelectuales y profesionales, no me gusta las banalidades, aunque me gusta vestir bien, los domingos me pongo mi pantaloneta y mi camiseta, hacer ejercicio y a des estresarme, tengo amigos gays que les disgusta mostrar las piernas, son clasistas, y bastante complicados hasta para escoger un tipo de bebida.

 Los gays tenemos una cantidad considerable de términos, códigos y símbolos para señalar fetiches, prácticas sexuales, gustos y tipos de manes. Además de las etiquetas obvias -activo, pasivo, versátil, 50/50, 70/30, y todos los porcentajes intermedios-, muchas veces nos clasificamos de acuerdo a la edad, a la cantidad de pelos, grasa y músculos. Basta con echarles un vistazo a los formularios de afiliación de las aplicaciones para levantar (Grindr, por ejemplo) para darse cuenta de que son más complicados que los de afiliación a la EPS.

Parece que no son suficientes los términos gay, homosexual y marica. ¡Qué maricada! Nada como tirar y amar sin tanta cuadrícula en la cabeza, sin tanto formulario. Claro, en nuestro español castizo siempre hemos tenido formas de señalar lo gay, pero el rigor taxonómico de categorías, subcategorías y sub-subcategorías (con las respectivas intersecciones) es un invento gringo de la década de los sesenta y que ha venido tomando cada vez más fuerza en el mundo gay criollo, atravesando todas las edades y clases sociales.Aunque no siempre precisa, en la mayoría de los casos hay una etiqueta equivalente en español para estos términos.

Sin más preámbulo, para los interesados en las “maricategorías”, este breve catálogo.



LA LOCA (QUEEN)

la loca

Es el gay amanerado, el roscón, el mariposón, la galleta, el marica, el maricón, el puto que asusta de Capusotto, el Hugo Lombardi, el diseñador de modas, el enfermero, el bailarín, el peluquero, el fashionista. Su hablar, su caminar y su vestir son motivo de burla. Todos los términos para señalar a la loca son despectivos, pero la loca asimila las palabras con las que es maltratada, las usa como propias y las devuelve. Se reconoce a sí misma como loca, habla de sí en femenino, lo mariquea todo. Son las dueñas del rayo marica, homosexualizan todo a su alrededor. La loca no es un escándalo, es “una escándala”. La lengua de la loca es viperina, venenosa y hay que tenerle respeto. La loca hace visible la homosexualidad con la pluma, sin miedo, sin pena. La pluma, esa firma inconfundible del hombre gay. Nos guste o no, amigas.

El Pollo (Twink)

pollo

Es ese culicagado, ese mocoso bonito, imberbe y lampiño que está alrededor de los dieciocho. Tirar con pollos raya en el delito: menos de dieciocho también es una opción. Nunca faltan voluntarios que quieran enseñarle al pollo cómo es la vuelta dada su supuesta inexperiencia. La cara de yo-no-fui, de inocencia real o fingida, es el arma más poderosa del pollo, del New York City Boy, del Dorian Gray que se quiere devorar el mundo. Pollero se le dice al que prefiere el sexo con pollos.

LA MUSCULOCA (HUNK)

musculoca

Es el gay que siempre está regio, tiene el cuerpo perfecto, suele depilarse y se mantiene bronceado. Todo un guardián de la bahía. A la rumba va con su boa de plumas y descamisado. A la calle sale con sus chiritos de marca y el pug francés en la cartera. Los demás le decimos musculoca de forma peyorativa porque nos mata de la envidia su “regiosidad”.

EL CHUBBY

chubby

Es el gordo regordo. Para todos los gustos hay. Es el tipo de gay que en el tamaño (gordura y grandura) reside su principal atractivo. Levantan, y harto. El cazador de gorditos (chubby-chaser) es un subtipo del chubby gay no necesariamente gordo al que le gustan los gordos. Cazadores de gorditos hay de varias clases: a los que solo les gusta besar y acariciar la panza, a los que les gusta que los espichen y los que se excitan cuando el chubby hace la danza del vientre. Al cazador le gusta vivir al límite: literalmente puede morir por snu-snu. Si uno está en la intersección de pollo con chubby a eso se le llama chubette (juego de palabras con chubby y vedette). Este tipo de gay (como casi todos) es más gringo que otra cosa. En Colombia la comunidad chubby existe, pero es muy incipiente. Tarde o temprano las bebidas azucaradas y la comida procesada harán que la comunidad chubby esté más a la moda.

EL OSO (BEAR)

oso

Es el gay macho. Los osos son gays pero quieren reivindicar la masculinidad tradicional: orinan parados. No quieren ser identificados como pollos, locas o musculocas. Portan con orgullo su panza, no se afeitan ni la cara ni el cuerpo. Ni por accidente se les sale una pluma. El oso, ante todo, debe ser peludo en el cuerpo. En los pelos radica el atractivo y la seguridad ontológica del oso. Mejor si llegan hasta la espalda. Una camisa de leñador a un oso, le viene al pelo. Tienen bandera propia en tonos cafés y naranjas, con una garra de oso; porque la del arcoíris es muy mariconcita para ellos. Los osos son todo un universo. Como en el caso del chubby, está el cazador de osos (bear-chaser): no es oso pero le encantan, tiene una fijación por los pelos. El oso musculoso: peludo y con músculos. El lobo, que es un tipo de cuerpo normal pero peludo (ojalá con barba y rapado). Similar al chubette es el osezno (cub), un híbrido entre oso y pollo. El oso polar, que es un oso de pelos canosos. El papá oso: un oso mayor que hace de daddy (ve más adelante). El panda: es el oso de origen asiático. Y mi contribución a la ciencia, el oso de anteojos: la versión criolla del oso, ese gay macho que repite papita al almuerzo y no le importa si se le sale un lado de la camisa. Es tan peludo como el mestizaje cundiboyacense se lo permita, es decir, no mucho necesariamente.


LA NUTRIA (OTTER)

Realmente es un subtipo de oso, pero por ser la mejor etiqueta de todas tiene su espacio aparte. Querido lector, está leyendo a una nutria. La nutria es un tipo que tiene pelos pero no tantos. Eso es todo. También se le dice nutria si es peludo y delgado, o peludo y bajito.



EL DADDY (EL PAPI)

daddy

Es el gay adulto, experimentado, alrededor de los cuarenta con algo de plata y educación. Lo que define al papi es la atracción y la capacidad de entablar relaciones afectivas con pollos. Al pollo que es pareja de un papi se le llama hijo (son o boi). Solo si la plata que tiene el papi media en la relación se le dice sugar daddy y al hijo se le dice sugar baby. Las relaciones papi-hijo son mucho más comunes de lo que se cree. El pollo aprende de alguien mayor y el mayor obtiene colágeno. Es una relación gana-gana, la más clásica de todas las relaciones homosexuales, como en la Grecia Antigua. Al papi sí es permitido decirle papi cuando están tirando, en cualquier otro contexto es una guarrada. El abuelo (silver daddy) es cuando el papi ya no es tan papi, es decir, un adulto mayor y necesariamente canoso.

EL ENCLOSETADO (DISCREET)

enclose

Se sabe gay, pero no lo ha hecho público por la razón que sea. En la oficina y en la casa todos saben pero nadie dice nada, delante de él al menos. Inventa novias, dice que tan rico el culo de Shakira, y es el más macho en la rumba con los compañeros. Algunos llegan a casarse, a tener hijos, a convertirse en presidente. Nunca cuentan la verdad porque siempre está el argumento de: “No le puedo hacer ese daño a [la persona que sea]”. En sus planes no suele estar el construir una relación estable con otro hombre. En muchos pueblos y regiones de Colombia la versión del  enclosetado es el cacorro. En este caso, el cacorro tiene sexo (principalmente) con la loca, dejando claro que él es el activo: mientras sea él el que da pipí, su hombría nunca correrá peligro.


Omar Colmenares Trujillo


viernes, 15 de junio de 2018

METÁFORA DEL LENGUAJE POLÍTICO EN COLOMBIA.




IZQUIERDA…DERECHA

METÁFORA DEL LENGUAJE POLÍTICO EN COLOMBIA.





Este no es un artículo académico de los que acostumbro a escribir en este espacio de difusión de ideas políticas y otras cosas, las letras que aquí se escriben son la manifestación sentida de las consideraciones filosóficas que tengo respecto de uno de los temas no solo coyunturales, sino de  trascendencia histórica que por largos años han desatado una guerra fratricida y abyecta en Colombia.

Por esto, el lenguaje escrito que estoy utilizando no es el mismo que uso cuando me dedico a reseñar las ideas políticas de algún pensador o filósofo, por el contrario y de un modo más simple y sin abstracciones, pretendo escribirle al ciudadano de a pie, a ese personaje que todos los días lustra mis zapatos en el centro de Bogotá, y que merece mi respeto y admiración.


Pero curiosamente, y sin premeditarlo estoy hablando del lenguaje que por estos día y a las puertas de una segunda vuelta de elección presidencial en Colombia, está al rojo vivo, en los debates, en las audiencias públicas y por supuesto en las redes sociales; Pues bien, es a ese lenguaje al que me voy a referir en esta oportunidad, al lenguaje político, ese que irresponsablemente y sin distingo alguno utilizan nuestros caciques policastros para defender dizque posiciones, y digo irresponsable porque a ellos le debemos en gran medida la polarización en nuestro país.  

 Los políticos han protagonizado fuertes rifirrafes virtuales con sus críticos. Son incontables, por ejemplo, las veces en las que en los últimos siete años el senador Uribe ha arremetido contra el presidente Juan Manuel Santos, y viceversa.

“Tras de bufón, ladrón”, “canalla”, “traidor”, le ha dicho Uribe a su ex ministro de Defensa en varias oportunidades. Santos, por su parte, le ha respondido con la misma moneda y con calificativos como “rufián de esquina”, “pajarraco y buitre al acecho” y “enemigo de la paz”.

 Todos somos responsables de lo que estamos viendo y viviendo los políticos que las plantean, los medios que le hacen eco y los ciudadanos que los adoptan. Este es un esquema muy efectivo, pero muy costoso socialmente. No cohesiona a la sociedad, sino que al divide.


La reconocida politóloga Sandra Borda afirmó que esta “no es más que una estrategia política clara que cobra vida en las redes sociales, donde no funciona el poder regulador que tienen los medios de comunicación”.



Pero lo más grave es que nos han hecho creer a los colombianos que realmente estamos polarizados, que usted es de derecha o izquierda.



El lenguaje político en Colombia no se ha utilizado para presentar argumentos, o trasmitir simplemente el pensamiento, el lenguaje se ha utilizado como arma de guerra y destrucción, como  si estuviéramos en un constante cambo de batalla, “usted es de derecha” , “usted es paramilitar” “no podemos votar por el amigo de chavez” “ Petro es un guerrillero” y así un infinidad  interminable de afirmaciones que entraban cualquier debate.



Podría casi afirmar con seguridad que no todo lo que se dice de Petro es verdad, ni todo lo que se dice de Duque o Uribe es cierto, es más producto de la mistificación del lenguaje del odio, de la ira de las palabras.Es ese mismo lenguaje el que deambula afanosamente en las calles de nuestros país, insultándonos, agrediéndonos, muchas veces sin entender o comprender los antecedentes históricos de alguna información.



Estamos frente a un lenguaje que particularmente  apela a las emociones para legitimar y conseguir el apoyo popular en la competencia por el poder electoral, aquí no importan argumentos, aquí es el que mas insulto.



Una metáfora es una figura retórica o tropo en el que se traslada el significado de un concepto a otro, estableciendo una relación de semejanza o analogía entre ambos términos.La palabra, como tal, procede del latín metaphŏra, que deriva del griego μεταφορ (metaphorá) que significa ‘traslación’, ‘desplazamiento’.

Ahora, como esta metáfora se inserta en el discurso político?  Las figuras sintácticas y semánticas cumplen importantes funciones en la práctica política. Entre las primeras, las figuras de amplificación, repetición, posición y omisión cumplen una función fática: despertar la atención hacia los proyectos políticos, como ocurre con el caso de los sloganes. Las figuras semánticas o tropos, en cambio, cumplen una función referencial: modelan el sentido de las propuestas.

 Como recurso de carácter semántico, la metáfora participa en la construcción del cualquier tipo de discurso. Los seres humanos utilizan metáforas cotidianamente. Cumplen la función de permitir comprender las experiencias humanas. Términos procedentes de un ámbito conceptual, utilizados en la comprensión de una experiencia humana, se emplean en un discurso receptor que permite comprender otra experiencia humana; así, por ejemplo, términos procedentes del sistema conceptual bélico son utilizadas en la construcción del discurso político o deportivo.

Las metáforas también cumplen una función pragmática: todo discurso, estructurado desde una perspectiva metafórica de la realidad, tiene consecuencias en la acción social. Dirven (1989: 24-5) denomina a estas metáforas estratégicas o partidistas. Lasswell y Kaplan (1950:103-4) afirman que los símbolos se usan para establecer iniciar, mantener o alterar las prácticas de poder; es decir, aparece el símbolo en su capacidad de impulsar sentimientos o acciones, más que en su capacidad de representación.

 Las metáforas permiten enmarcar narrativamente las estrategias y tácticas que los actores sociales quieren emprender para solucionar las problemáticas que plantean. Mediante un uso estratégico de las metáforas, un actor nombra las estrategias (y el conjunto de tácticas) que ejecutará para que los demás actores (políticos con poder de decisión, actores opositores o su propia población de refe-rencia) legitimen su propuesta.

 Pero es evidente que el sistema metafórico en el lenguaje en Colombia que más se utiliza es el bélico,  al analizar la metáfora conceptual de la discusión como guerra, destacan su amplio uso en la comunicación humana; afirman que interpretamos, pensamos y actuamos en las discusiones en términos bélicos y claro que esta situación genera réditos lectorales tanto para quien tilda de izquierdosos a otro como al que tilda de derecha y oligarca a otro.

 Gustavo Petro demuestra con su lenguaje político el lenguaje del odio, el resentimiento social, el deseo de acabar con un enemigo y ese enemigo se llaman los  Ricos; y creo que eso no le hace nada bien a la política.

 Pero Por otro lado Álvaro Uribe con su lenguaje guerrerista, tilda de enemigo a todo el que no esté a su favor, de guerrillero a quien no comparte sus ideas, y tal es su talante, que sus seguidores le imitan.

 Pero los colombianos no podemos seguir creyendo en una mentira porque terminará por convertirse en verdad, no podemos estar polarizados, somos colombianos, somos hermanos juntos construimos nación, el que profesa ideas comunistas, el que le gusta el liberalismo, hasta el líder más conservador, todos podemos apostarle a la democracia, pero una democracia libre de metáforas, metáfora en el lenguaje político.

 Lo que la sociedad debe pedirle a sus dirigentes y líderes políticos es que acaben ya con ese lenguaje bélico de estigmatizar, desde Álvaro Uribe Vélez, pasando por Gustavo Petro, Claudia López, Roy Barreras, y terminando hasta con el concejal o edil más cercano en su comunidad, y nosotros desde nuestra parte cambiar la estructura del lenguaje, el respeto, la serenidad, la comprensión y la observación.

No hay nada más falso que afirmar que Gustavo Petro es un izquierdoso comunista, el no discute las esencias conceptuales del desarrollo; Por el contrario, respeta el crecimiento económico y defiende las exportaciones de materias primas como si fueran avances en el desarrollo. Es cierto que en algunos casos hay una retórica de denuncia al capitalismo, pero en la realidad prevalecen economías insertadas en éste, en muchos casos colocándose la llamada “seriedad macroeconómica” o la caída del “riesgo país” como logros. La izquierda clásica entendía las imposiciones del imperialismo, pero el progresismo actual no usa esas herramientas de análisis frente a las desigualdades geopolíticas actuales, tales como el papel de China en nuestras economías. La discusión progresista apunta a cómo instrumentalizar el desarrollo y en especial el papel del Estado, pero no acepta revisar las ideas que sostienen el mito del progreso. Entretanto, el progresismo retuvo de aquella izquierda clásica una actitud refractaria a las cuestiones ambientales, interpretándolas como trabas al crecimiento económico.

El progresismo es una nueva expresión de la izquierda, con rasgos típicos de las condiciones culturales latinoamericanas, y que ha sido posible bajo un contexto económico global muy particular. No puede ser calificado como una postura conservadora, menos como un neoliberalismo escondido. Pero no se ubica exactamente en el mismo sendero que la izquierda construía hacia finales del siglo XX. En realidad se está apartando más y más a medida que la propia identidad se solidifica.

 Por otro lado al candidato Iván Duque lo tildan de extrema de derecha, nada más falso, y ello se origina en la imaginación de aquellos, quienes supondrán que Duque planea realizar acciones de estirpe extrema como estas doce:

  Desmantelar y hacer trizas los acuerdos Santos-Timo.

Perseguir y apresará a los opositores por el simple hecho de serlo.

Clausurar los medios de oposición por igual razón.

Suprimir todo tipo de subsidios a las familias más vulnerables.

Ilegalizar las agremiaciones sindicales.

Declarar plena libertad de inversión extranjera.

Eliminar el máximo de restricciones en la explotación de los recursos naturales.

Volver al Estado confesional.

Prohibir la unión gay.

Favorecer al capital y desfavorecer al trabajo.

Restringir o prohibir la protesta social.

Privatizar los servicios públicos, la educación, la salud y otros frentes nucleares.

Pero Iván Duque jamás ha expresado que tomaría algunas de tales decisiones contra la igualdad, la libertad o la paz? No existe ningún fundamento. Por lo tanto, la razón “imaginación” igualmente se descarta y se concluye que eso de decir y repetir que es de extrema derecha es pura munición electoral.


No nos dejemos usar más por el uso maquiavélico del lenguaje guerrerista de nuestros líderes políticos, porque lo que se construye es solo desde el imaginario político, pero en la realidad no existe.

Omar Colmenares Trujillo.









jueves, 14 de junio de 2018

THOMAS HOBBES



EL DERECHO A CASTIGAR
 THOMAS HOBBES




 Thomas Hobbes es conocido, ante todo, como filósofo político. El autor del Leviathan es asociado normalmente con la tesis de la generación de la comunidad política mediante un contrato social, la defensa del absolutismo político y del erastianismo, de la obligación de someterse incondicionalmente al derecho y la negación de todo derecho a resistencia de los súbditos. Sin embargo, Hobbes fue un autor extremadamente prolífico y de inquietudes muy diversas: escribió también sobre filosofía de la naturaleza, filosofía del hombre, ética, estética, lógica, óptica, filosofía de la matemática, historia y derecho, además de traducir clásicos griegos al inglés. Poca atención se había prestado a varios de dichos temas hasta hace muy poco, pero recientemente han comenzado a surgir estudios que ponen de relieve tales facetas. Así, los estudiosos han comenzado a poner atención también a su doctrina penal.

El pensamiento jurídico de Hobbes se inserta dentro y depende de su pensamiento político. Hobbes elabora una teoría del derecho dependiente de una teoría política destinada a justificar la existencia de la comunidad política y la obligación de obedecer siempre a su gobernante, el "soberano" –salvo el caso muy excepcional del peligro de la vida del súbdito por la obediencia al soberano–. Así, dentro de sus obras políticas, Hobbes trata no sólo temas relativos a la teoría del derecho en general, sino también temas específicos de dogmática jurídica, como la teoría del contrato, de la representación, derecho sucesorio y del derecho penal. Todos dichos tópicos son objeto de estudio de Hobbes en cuanto son funcionales a su teoría política: así, su teoría del contrato se desarrolla para explicar el surgimiento de la comunidad política mediante un contrato de todos los súbditos entre sí; desarrolla una teoría de la representación, para explicar la naturaleza de la relación entre soberano y súbditos; el derecho sucesorio deviene tema de su exposición cuando debe explicar qué sucede cuando muere un soberano y, finalmente, expone los temas fundamentales del derecho penal en cuanto éste es el instrumento principal que posee el soberano para mantener la paz en la república.

La lectura habitual de la fundamentación hobbesiana del Estado, con más o menos matices, reza del siguiente modo: la constitución de la soberanía se origina en un pacto “movido” por el miedo recíproco o por el miedo a quien se reconoce como soberano.

Tal convenio consiste en aceptar la composición de un poder que efectivice la colectivización de la regla de oro –i.e. “contentarse con tanta libertad en su relación con los otros hombres, como la que él permitiría a los otros en su trato con él”. En correlato, mediante “autorización” se concede a quien ostenta la representación común “tener el uso” del “más grande poder de los poderes humanos”  el poder de la persona civil o Leviatán. De forma evidente, en tanto para Hobbes el derecho no es una “propiedad” sino una “libertad”, su transferencia no se traduce en su alienación sino en la “renuncia” a su ejercicio . No obstante, al transferir la autoridad individual −i.e. el derecho sobre los actos y palabras − al representante y, por tanto, “autorizarlo” –i.e. permitirle que actúe la voluntad y juicios de aquellos a quienes representa−, este “llega a poseer y a ejercer tanto poder y tanta fuerza” que todas las voluntades, por terror o miedo a ese poder, se conforman a la suya propia.

En el presente artículo quiero señalar cuánto más dice Hobbes sobre el origen de la “esencia del Estado” y su unidad. Al seguir su argumento a través de una serie de inflexiones, se observa que la somera descripción de la fórmula del pacto no agota por sí misma el problema político central: la relación entre la obligación y la resistencia. Más concretamente, Hobbes realiza dos precisiones fundamentales: reconoce las reservas al pacto que se derivan de los derechos que no pueden transferirse “ni mediante palabras ni mediante otro signo”; y señala la diferencia entre “castigo” y “hostilidad” que habilita asumir la politicidad de la pregunta por lo justo.
En el presente artículo estudiamos  la definición del “derecho al castigo” incorporada a la teoría política hobbesiana; afirmo que en la definición de “castigo” se explicita el conflicto que atraviesa a la composición del poder soberano y, en consecuencia, a la misma constitución del pueblo. Es decir, en la tensión que la voluntad soberana encuentra al personificar la “autoridad” de los “autores” y definir qué es un crimen, se expresa, como en ningún otro lado, lo artificial e inestable del vínculo político que demarca la frontera entre el pueblo y sus enemigos (i.e. su otro). Esta constatación permite a Hobbes inferir que, a pesar del necesario carácter absoluto de la soberanía, la naturaleza política de las funciones del representante conlleva el desafío de concebir qué es lo justo, considerando, a su vez, las relaciones de poder dentro del Estado y también del tiempo particular en el que esas definiciones de lo justo se formulan.

Ahora bien, al delimitar el “derecho al castigo”, Hobbes realiza una doble inflexión que busco poner de relieve. Por un lado, identifica en la presencia actuante de la “multitud” un límite constitutivo de la misma voluntad soberana. Por el otro, elabora principios que, aunque tenidos por “naturales”, carecen de un anclaje metaético. De tal modo, Hobbes presenta un “deber” soberano sin debilitar la premisa central de su contractualismo, según la cual el soberano no pacta. Pero, al mismo tiempo, sin subordinar la política a la moral.

Pero también  abordamos este análisis a partir de las diversas aristas que presenta. En el apartado II se deriva la politicidad de la pregunta por lo justo a partir de la diferencia entre “castigo” y “hostilidad”. En el apartado III se argumenta a favor de una lectura de Leviatán que contemple la centralidad de la voluntad que Hobbes ubica tras la recta razón y, en correlato, advierta la reconstitución permanente de las condiciones de posibilidad del orden del Estado.

En la definición del derecho al castigo que aparece al comienzo del capítulo 28 de Leviatán se explicita que este “derecho” no se recibe mediante pacto sino que se “funda” en el “derecho a todo” de cada cual. De ese modo, Hobbes pareciera brindar al soberano el ejercicio de un derecho “de manera tan absoluta como la que se daba en la condición de mera naturaleza y de guerra de cada uno contra su vecino”. Cualquier simetría normativa entre el soberano y los súbditos queda así aparentemente resuelta tras la renuncia de estos últimos a ejercer su propio derecho a todo. En otras palabras, al autorizar el uso del “más grande poder de los poderes humanos”, se remedia de hecho lo que Noel Malcolm considera un conflicto jurídico entre derechos individuales superpuestos.

Sin embargo, es necesario subrayar que  en el ejercicio del derecho al castigo se hace patente la interdependencia de la vida en sociedad descrita por Hobbes y, en consecuencia, la necesidad de reconstituir permanentemente el fundamento del Estado. Es decir, al diferenciar el castigo de la hostilidad se pone de manifiesto que el individuo o el soberano no son, según Hobbes, la causa “primera” de sus acciones y, mucho menos, la “causa suficiente” de aquellas. De lo cual se sigue la imposibilidad de relegar la fundación de la soberanía a un evento singular y finito acaecido en el pasado o una alternancia irresoluble entre orden y anarquía. Por el contrario, señalo que la figura del Leviatán de Hobbes denota prácticas de conferir o quitar honor que constituyen un complejo entramado simbólico en el que el poder no se “consigue” o “apropia”, sino que se “actúa”.

La comprensión del poder como actuación implica que este se deriva de los accidentes de los cuerpos del “agente” y del “paciente”. Los súbditos hobbesianos son, por emplear una expresión de Judith Butler, “efecto de un poder anterior”. La apuesta por el orden se apoya en la capacidad del poder para crear una segunda naturaleza que estabilice los avatares del movimiento. Pero Hobbes, al igual que Butler, advierte que la potencia de los súbditos los convierte en “la continuada condición de posibilidad para seguir siendo sujeto”. De tal modo, al igual que la búsqueda del poder tras poder asegura al individuo la capacidad de actuar en el futuro, la recomposición constante de ese complejo simbólico garantiza a quien ocupa la “sede de la soberanía” retener la capacidad de “producir “en el futuro el mismo efecto: la obediencia.

En síntesis, en la definición del castigo se hace evidente que el soberano, al igual que el hombre solitario hobbesiano, no se encuentra solo y que, por tanto, no actúa sino a condición de atender el proceso social en el que efectivamente ejercen su poder.

A fin de avanzar en este argumento considero que ha de notarse la similitud entre las prescripciones que individuo y soberano encuentran en Leviatán.  Al hombre en el estado de naturaleza, Hobbes le aconseja que utilice lentes prospectivos para ver el abismo que separa una felicidad frívola de la preservación individual. La cadena de razonamientos que se eslabona en Leviatán (especialmente entre los capítulos 11 a 15) intenta demostrar que al dirigir la mirada hacia el futuro se debe reconocer que la satisfacción de la aspiración primara de la humanidad (preservar la vida) depende de la calidad de las interacciones con el otro. Esto es, depende de “estilos de vida” compatibles o conducentes a la paz. Para ello Hobbes propone identificar correctamente los “pensamientos apasionados” que han de dirigir y gobernar el discurso mental si se desea alcanzar “la paz como medio de conservación para los hombres en multitud”.

Esta misma interdependencia no desaparece en el ejercicio del poder coercitivo del soberano. Aunque Hobbes sostiene que el “derecho a todo” de la persona natural del representante recibe del convenio la autoridad para ejercer en solitario su libertad, tampoco deja de mencionar que en los Estados ese derecho se despliega con miras a la preservación de “todos”. Cabe inferir, entonces, que la ciencia política hobbesiana distingue el interés personal del soberano representante y del cuerpo político. Incluso señala el “deber” de hacerlos coincidir para que no pueda distinguirse entre ambos. Por consiguiente, mientras la “hostilidad” privada del hombre en el estado de naturaleza o del soberano no requiere ningún fundamento allende la voluntad individual, la violencia del soberano solo deviene “castigo” al revestirse de condena precedente, autorización colectiva ; intención de ejemplaridad: y, por último, en tanto existe una percepción de equidad en su administración a los diversos estratos del pueblo.

Esta especificidad del “derecho al castigo” permite rechazar una lectura de Leviatán según la cual la resolución del conflicto entre los derechos de los súbditos y el soberano se basa en la celebración del pacto o la coacción que fundamenta de facto la obligación. Con todo, también quisiera resaltar dos aspectos centrales para mi argumento. Primero, los “requisitos” de legalidad que dirimen la presencia del “castigo” no limitan al poder mediante el pacto.12 Por el contrario, el soberano hobbesiano, al demandar algo “en virtud de su poder” y no de una ley positiva, invalida sin injusticia los pleitos que demandan la reparación del derecho positivo conculcado. Segundo, la mentada legalidad del “derecho al castigo” – indicador necesario del corrimiento desde lo individual a lo público–, no expulsa a la hostilidad privada del ámbito del derecho. Por el contrario, esta pervive “capturada” por el soberano como condición de posibilidad de la vigencia del convenio que habilita en el mundo el empleo de las categorías de la justicia.

No me propuse realizar un juicio más justo de la obra de Hobbes, sino afrontar un problema filosófico-político de mayor calado: las relaciones entre la obligación y la resistencia. La crudeza de la metáfora del Leviatán tiene la ventaja de obligar a su lector a contemplar no solo lo que el poder no puede hacer, sino también lo que le resulta imposible de renunciar. Así, aunque el soberano “deba” evitar los privilegios que indignan a la multitud, también “debe” ordenar las doctrinas para que el ejercicio de su poder, incluso cuando castiga a un inocente, no sea percibido públicamente como una hostilidad que socave la autorización recibida.

El fundamento del derecho a castigar del soberano no es otro que el mismo derecho a todo que tenía en el estado de naturaleza. En palabras del propio Hobbes: "he mostrado también que, anteriormente, antes de la Institución de la República, cada hombre tenía un derecho a cualquier cosa, y a hacer cualquier cosa que considerase necesaria para su propia preservación; subyugar, herir o matar a cualquier hombre con tal fin. y este es el fundamento de aquel derecho a castigar que es ejercitado en toda república. pues los súbditos no dieron tal derecho al soberano; sino que sólo, al renunciar al suyo, fortalecieron a éste para usar el suyo, tal como lo considerase necesario, para la preservación de todos ellos: de modo que no le fue dado, sino dejado, y a él solo; y (exceptuando los límites que le impone la ley natural) tan íntegro, como en la condición de mera naturaleza, y de guerra de cada uno contra su vecino". Así, el derecho a todo del estado de naturaleza deviene, en el caso del soberano, en el derecho a castigar. En el estado de naturaleza no hay castigo: puede haber retribución de mal por mal, pero no castigo. El derecho a castigar surge con el Estado: es un modo del derecho a todo del estado de naturaleza: el modo que adquiere en el soberano de una comunidad política.

Pero el soberano no sólo tiene el derecho de castigar: tiene también el deber de hacerlo. Y tal deber es un deber moral. En efecto: el soberano se encuentra sujeto a las leyes morales. Que los súbditos no puedan cuestionar sus órdenes no implica que éstas puedan ser arbitrarias: el soberano se encuentra sujeto siempre a las leyes de la naturaleza, aun cuando ningún súbdito pueda discutir si éste ha dado cumplimiento a los requerimientos de éstas o no.

Así como el tratamiento de dichos temas depende de su teoría política, ésta depende de supuestos filosóficos más generales. En el presente artículo, he intentado hacer una aproximación de la forma como nace la doctrina penal de Hobbes.

Hasta una próxima oportunidad.


Omar Colmenares trujillo
Abogado Analista


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